Había que ser productiva
por eso tracé una línea
a ver si se hacía gato, camino o bote,
se extendió pareciendo muchas cosas
y siendo nada, de hecho.
De hecho pudimos girarla horizontalmente,
a ver si se convierte en árbol o rascacielos
hay que ser productiva, me dijeron,
la línea continuó su camino
torpe y ciego,
hasta perderse tras la página
pareciendo muchas cosas y siendo nada.
Me propuse a mirarla a ojos entrecerrados
a ver si se desvanecía en el papel
como tinta china dibujando
lunas angustiadas escribiendo cartas,
tocando instrumentos
bailando o asomándose sutilmente entre las ventanas.
O con faroles que derriten la noche
y pasos aferrados en la yerba, junto a la charca
el agua dando paso a la luz levemente
y otra luna se asoma tímida y se aleja en silencio
moviendo mares y con ellos
los peces de colores.
Pero la línea siguió el mismo trayecto,
sin importar como la mirara.
Hay que ser productiva; me dijeron
sacar del vapor, agua
vaciar la angustia en la raya
escribirle un manifiesto a la rabia.
Tracé una línea, pensando
que podría hacer tantas cosas
pero sólo se ven figuras enegrecidas,
que se asoman como dragones, telarañas,
o gotas
que se cuelan
del cielo
asfixiando
a las plantas
borrando
a la raya
y siendo nada... de hecho.
Reflejos de Tinta
(La mía, claro)
miércoles, 9 de mayo de 2012
sábado, 28 de abril de 2012
Luego de los truenos
¿Y para qué hablar si en silencio se está todo tan tranquilo?
Quince o veinte días de silencio de acción y palabra
¿por qué no? la caja de Pandora pudo esperar veinte días
y tendríamos veinte menos de tragedia.
Como una enfermera con fobia a la sangre y a las agujas
un jardinero que desconoce a qué hora regar las plantas
o una Machi que sólo encuentra charlatanería en la magia.
Pero voy a decir lo primero que salga
aunque nunca haya servido para tirar la primera piedra
si no más bien para esconderme
cobardemente entre las plantas
y tras la trinchera esconder mi disparo
entre el segundo y el tercero.
Sólo se que intento decir algo
que se estanca
debe tener excelentes razones
como hacerse pez y nadar a lo nocturno
alejarse de la luna más brillante
rehuir del ruido más ínfimo
perderse entre cuevas y corales
dejar relucir entre sus vetas
desgastados engranajes.
Los truenos rasgan el papel del cielo
y le dan la luz a las vetas de los engranajes del pez
pero se resbala, nada y esconde mostrando reflejos coloridos
quizás porque no es el trueno que rasgue el papel del cielo
y sean pasos en el hielo del cielo que está apunto de romper.
Entonces no tiene sentido mediar acción ni palabra
referente al pez
¡en silencio se está todo tan tranquilo!
aunque de vez en cuando el pez mueva desde abajo
algunos juncos, espantando
pequeñas polillas y luciérnagas
la caja de Pandora pudo esperar veinte días
y tendríamos veinte menos de tragedia.
Quince o veinte días de silencio de acción y palabra
¿por qué no? la caja de Pandora pudo esperar veinte días
y tendríamos veinte menos de tragedia.
Como una enfermera con fobia a la sangre y a las agujas
un jardinero que desconoce a qué hora regar las plantas
o una Machi que sólo encuentra charlatanería en la magia.
Pero voy a decir lo primero que salga
aunque nunca haya servido para tirar la primera piedra
si no más bien para esconderme
cobardemente entre las plantas
y tras la trinchera esconder mi disparo
entre el segundo y el tercero.
Sólo se que intento decir algo
que se estanca
debe tener excelentes razones
como hacerse pez y nadar a lo nocturno
alejarse de la luna más brillante
rehuir del ruido más ínfimo
perderse entre cuevas y corales
dejar relucir entre sus vetas
desgastados engranajes.
Los truenos rasgan el papel del cielo
y le dan la luz a las vetas de los engranajes del pez
pero se resbala, nada y esconde mostrando reflejos coloridos
quizás porque no es el trueno que rasgue el papel del cielo
y sean pasos en el hielo del cielo que está apunto de romper.
Entonces no tiene sentido mediar acción ni palabra
referente al pez
¡en silencio se está todo tan tranquilo!
aunque de vez en cuando el pez mueva desde abajo
algunos juncos, espantando
pequeñas polillas y luciérnagas
la caja de Pandora pudo esperar veinte días
y tendríamos veinte menos de tragedia.
lunes, 23 de abril de 2012
Ratas Voluntarias III
Porque pudimos haberlo evitado,
evitado, me repito.
Pero nada,
la carne estaba seca
de miedo a las arañas de las paredes
que suben a la cama
y que uno se imagina : "es poco probable"
y pasa.
Seca a mi manera, como supe que iba a estarlo,
seca de ciega, ciega de cansada.
Pudimos haberlo evitado.
Nos ofrecimos como experimento
de una bata blanca recién egresada
nos pusieron el gas en el hocico
pudimos haberlo evitado,
evitado, me repito
y nada,
la soga en el cuello se sonríe
se suelta y libera por completo ¿o se aprieta?
poco importa.
Hasta el silencio se silenció a sí mismo
para estar seguro de escucharte
por si pasas.
Pero nada,
seca a mi manera: me repito
ya no se escucha la respiración dentro de la máscara de oxígeno,
pudimos haberlo evitado
pero ya éramos ratas voluntarias.
viernes, 25 de noviembre de 2011
El que siembra
¿Y qué voy a plantar ahora?
dice y mira la tierra infertil,
abajo: las semillas mudas.
La punta del pie las remueve…y nada.
La sombra se hace más oscura
el horizonte se enrojece,
sacude el arado que desespera
en despertar al pequeño azulado
y el vientre no puede desde adentro
más que el movimiento inútil
sobre los labios que intentan
darle aliento
que se escapa intacto.
La oscuridad saluda al necio,
se pierden las formas y el arado
las semillas y la tierra
la colina a la distancia
el camino que ya no sirvió de guía
al resguardo.
Antes de la nada le viene una idea,
que se le difumina en la última sombra
de los zapatos:
"Incluso la tierra aborta en el cansancio,
y el buitre espera."
jueves, 1 de septiembre de 2011
Se sincera la bruja
Un día de estos
Volveré a escribir como antes, a ojos cerrados y sin la goma en la derecha.
Alabaron que un judío caminara sobre el agua
los insectos lo hacían en su simpleza desde mucho antes.
Los pájaros serán ráfagas,
estelas que se pierdan en el horizonte, sin siluetas
ese día
voy a reconciliarme con mis recuerdos.
Voy a fijar mi pupila en tu pupila marchita
en vez de en mis manos cansadas,
voy a mirar tu córnea turbia
las puntas de mis dedos estarán menos manchadas de culpa.
Voy a decirte que ya no estoy molesta
voy a sonreírle al lago carbonizado
y lo volveré a ver como antes.
Un día de estos
no tendré miedo de volverme trillada
y sacaré del pecho lo que salga como un pez que osadamente surge de la charca
y le sonríe al mundo de adentro
de la cortina que no se traspasa
de lo que creyó un muro
y no fue más que puerta de la superficie autoimpuesta.
Ya no estaré enojada
y voy a reconciliarme con mis tobillos heridos
aceptaré no ser Aquiles
aceptaré no ser cupido ni celestina
aceptaré no ser minerva
y más me costará, pero se que voy a hacerlo
aceptaré no haber sido Hera.
Ese día, tú que estás leyendo,
quiero que sepas que habrán más líneas
y palabras sacadas de no sé dónde
aún no he llegado al otro lado y la barca
se está hundiendo en el fango,
el mismo
de dónde surgieron los Lirios blancos
que recordaría mi abuela sesenta años más tarde
el mismo en dónde estuve antes de tener forma de encontrarte.
La salida está a un paso,
es torcida está la puerta en dónde el reloj gira haciéndome sentencia
y va a cerrarse
o quiere hacerlo
todos somos torcidos y me está espantando
no haberlo sabido antes.
Entre un mí y un sí está la respuesta
por ahí cruza el guerrero que vence
y la liebre astuta que no salta, retrocede
la bestia la pierde entre la hierba.
Y surge el lirio desde el agua desde donde se aferró mi abuela a los diecisiete.
la respuesta también era blanca y no supe verla
el desconocido que lee el diario
y sonríe entre las páginas
la encontró en una palabra perdida en el crucigramas,
Volveré a escribir como antes, a ojos cerrados y sin la goma en la derecha.
Alabaron que un judío caminara sobre el agua
los insectos lo hacían en su simpleza desde mucho antes.
Los pájaros serán ráfagas,
estelas que se pierdan en el horizonte, sin siluetas
ese día
voy a reconciliarme con mis recuerdos.
Voy a fijar mi pupila en tu pupila marchita
en vez de en mis manos cansadas,
voy a mirar tu córnea turbia
las puntas de mis dedos estarán menos manchadas de culpa.
Voy a decirte que ya no estoy molesta
voy a sonreírle al lago carbonizado
y lo volveré a ver como antes.
Un día de estos
no tendré miedo de volverme trillada
y sacaré del pecho lo que salga como un pez que osadamente surge de la charca
y le sonríe al mundo de adentro
de la cortina que no se traspasa
de lo que creyó un muro
y no fue más que puerta de la superficie autoimpuesta.
Ya no estaré enojada
y voy a reconciliarme con mis tobillos heridos
aceptaré no ser Aquiles
aceptaré no ser cupido ni celestina
aceptaré no ser minerva
y más me costará, pero se que voy a hacerlo
aceptaré no haber sido Hera.
Ese día, tú que estás leyendo,
quiero que sepas que habrán más líneas
y palabras sacadas de no sé dónde
aún no he llegado al otro lado y la barca
se está hundiendo en el fango,
el mismo
de dónde surgieron los Lirios blancos
que recordaría mi abuela sesenta años más tarde
el mismo en dónde estuve antes de tener forma de encontrarte.
La salida está a un paso,
es torcida está la puerta en dónde el reloj gira haciéndome sentencia
y va a cerrarse
o quiere hacerlo
todos somos torcidos y me está espantando
no haberlo sabido antes.
Entre un mí y un sí está la respuesta
por ahí cruza el guerrero que vence
y la liebre astuta que no salta, retrocede
la bestia la pierde entre la hierba.
Y surge el lirio desde el agua desde donde se aferró mi abuela a los diecisiete.
la respuesta también era blanca y no supe verla
el desconocido que lee el diario
y sonríe entre las páginas
la encontró en una palabra perdida en el crucigramas,
yo espero hacerlo, un día de estos.
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